jueves, 21 de marzo de 2024

Fuiste

Fuiste el cielo abierto en la tormenta,
Fuiste la calma en mi noche más oscura,
Fuiste el aliento, una palabra, una sorpresa,
Fuiste el inicio de un camino confidente,
Fuiste amiga, cómplice, el misterio de quién eres,
Fuiste mi caja de los secretos, mi subconsciente.

Fuiste mi estrella rutilante cada noche,
Fuiste mis besos, mis caricias, mis deseos,
Fuiste la mano que me lleva sin reproches,
Fuiste el sueño de unos bailes y el descanso,
Fuiste el suspiro, el gemido y el orgasmo,
Fuiste quién de sorpresa me ganó.

Deberías haber sido lo que tanto anhele con otras,
Deberías haber sido mi sustento en las horas bajas,
Deberías haber sido mi mejor crítica, mi fan número uno,
Deberías haber sido mi aliento, el despertar en cada mañana,
Deberías haber sido mi mejor poema, mi musa salida de la nada,
Deberías haber sido mi mujer, quien me dijera siendo viejos que me amas.





Febrero

Hoy fingiré que tú no existes,
que nunca hubo el murmullo
de los olas en mis rocas,
que nunca soplaron
mis vientos en tu cabello,
que nunca te llevé
al cielo con mis alas

Hoy fingiré que has desaparecido
y que soy el último hombre en la tierra,
que tengo todo un universo para darte
y jamás te lo daré,
jamás volveré a rozar tu piel
ni a sentir tu mirada,
ni a oler las flores de tu pelo.

Hoy fingiré que te has ido
en mi cabeza, en mis dedos,
que has dinamitado el búnker
y me has encerrado dentro
sin salidas, sin resuellos,
agotando para siempre
el roce de tu cuerpo por tus miedos.

Hoy fingiré que ya no existes,
y si tengo éxito, quizás me pierdas
al fin, de vista y de hecho,
al fin libre, de mi, de ti, de tus putos miedos.



Viajeros

Errante equipaje,
mochilas cargadas de sueños,
piedras que lastran los caminos
y traban mis pasos polvorientos.

Oscuras brisas, cierzos,
desmelenan tus castaños cabellos,
y me ahogan, me sucumben,
me sumen en un duro invierno.

Porque ya no te veo, no hay futuro,
se ha desvanecido hace tiempo
y aunque lo sigo buscando
sé que no hay más misterios.

Y es por eso que me hundo
con todo mi equipaje y miedo
y no sé cómo soltar el lastre
que me lleva, inexorable, a los infiernos.




Al otro lado

Miro a lo lejos por el hueco de mi pared
y ya no veo aquellos nubarrones grises,
ya me dan igual las aguas, los fríos,
las tormentas, o los días soleados 

Miro al horizonte y ya no hay imágenes,
ni volúmenes, ni colores, ni miedo, ni esperanza,
ni ganas de encontrarlas, ni intentos siquiera,
ya se ha parado el corazón, a penas vivo a impulsos.





No tenernos

Estoy perdido, angustiado,
cerrando ventanas sin cristales,
agitando mis pensamientos,
demasiado centrado en mi ceguera,
regodeándose en mi mierda,
mis despojos de tu paso.

Escondido ya a tus luces,
con los ojos cerrados de miedo
y rabia, y frustración y desaliento,
ya no albergo esperanzas de tus brazos
ni de tus ojos, ni de tus labios,
ni que decir del sexo o del amor,
ya lo perdí todo contigo,
solo me queda la amistad
y hasta eso parece que ha desaparecido
entre mis manos como arena de playa.

He barajado la opción de alejarme,
de desaparecer un tiempo o siempre,
pero solo me atrevo a no hablarte 
solo un tiempo, hasta que das luz
y me preguntas como va todo.
Necesito saber qué es no tenerte,
saber en verdad lo que es echarte de menos.



Reflexión

 Debo dejarte ir porque no quieres quedarte, y no puedo permitirme que intentes volver




Perdido pasando el capitulo

Estoy intentando cerrar mi capítulo,

coger mis maletas,

huir de ti entre la niebla,

estoy intentando cerrar este capítulo

que ya sé que no lleva a nada,

que me está destrozando

mientras observo como desapareces

cada día más, cada noche más,

cómo me siento apartado de ti.

Estoy intentando cerrar otro capitulo

porque noto que ya no estamos, 

no somos, no podemos, no queremos,

la sintonía está desapareciendo,

nos estamos esfumando en la niebla,

poniéndonos barreras cada vez más altas.


Ya no nos miramos como antaño,

a veces me sentía utilizado,

un cacharro más en tu trastero,

el tonto útil de tu vida,

un segundo plato cuando no quieres comer,

el cero a la izquierda de tus ecuaciones,

invisible, apresado, escondido,

a quien acudes cuando te cierran

pero al que cierras cualquier puerta.


Me siento así, perdido ahora mismo,

intentando cerrar este capítulo

que no me deja avanzar en mis escritos,

buscando sin frutos un futuro

que ya sé que no está a tu lado,

ni a tu sombra, ni en tus brazos.


Dejemos ya de engañarnos,

vamos a enterarnos, 

hemos muerto el uno para el otro.




domingo, 21 de marzo de 2021

Dia Mundial de la Poesía

 

Hace años que te conocí,
me deslumbraron esos ojos,
a veces traías enojos,
a veces vestías carmesí.
 
Eran tus labios de rubí,
y se metían en mis pensamientos,
venías como amiga en tristes momentos,
y día a día me enamoré de ti.
 
Estabas en mis alegrías , mis anhelos,
en mis esperanzas, a veces vanas,
en mis sonrisas, en mis sueños,
estabas hasta cuando yo no estaba.
 
Estabas en mis amores, en sus labios,
pero sobre todo en los desamores, desengaños,
fluías por mí como lava y como lágrima,
salías de mi en las líneas erráticas y torcidas.
 
Estabas en los momento tristes de una madre,
en las alegrías de una boda, en el pellizco de los entierros,
en el llanto y la risa, en la primavera,
en el cantar de los canarios y el aletear de una paloma.
 
Estabas en el mar, en cada viaje,
en los acantilados de Galicia allí estabas,
estabas rompiendo esquinas, desmoronando mundos
y sobre todo estabas en la rosa y en sus espinas.
 
Estuviste en las noches de luz
y le diste a gente mil noches más,
en los bailes, las caricias y los sueños,
en los celos, los errores, en un Adiós.
 
Estuviste en mi muerte y resurrección,
en los sueños de este poeta loco,
en los carnavales, los cartones, los desesperos,
arropando mis despropósitos, silenciando miedos.
 
Fuiste mi apoyo, mi descarga, mi sosiego,
fuiste un sinfín de miedos y verdades,
motivo de enojos, fuente de cielos,
fuiste tu quien me quiso y yo me dejo.
 
Fuiste tu Lorca, Alberti, Machado, Mistral,
Rosalía, Lope, Alexandre, Neruda, Benedetti,
Góngora y Quevedo, Espronceda y Bécquer,
Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Blas de Otero.
 
Fuiste  y eres más que nunca mi vehículo,
fuiste la lluvia, la flor y el fruto,
fuiste mi hoja en blanco y mi tinta,
fuiste tú quien me buscaste y yo me quiero.
 
Fuiste tu quien me amaste y yo me muero.



 

sábado, 27 de febrero de 2021

El rincón donde ya nunca traje a nadie

El rincón, el lugar
donde tantas veces hablamos, 
donde tantas veces reímos, 
donde tantas veces nos amamos, 

donde alguna vez lloramos también, 
donde pasábamos frescos la primavera, 
donde tus labios me sabían a azúcar, 
una gominola, un elixir de vida. 

Este rincón, que siempre fue nuestro, 
donde pasamos noches de alcohol, 
donde te sentaste sobre mis piernas, 
donde te abracé, te miré, te quise. 

El rincón donde pasaste tus faldas, 
donde te contorneaste para mi, 
donde sacaste fuego y llama, 
donde sentimos la fría piedra

y el cálido alivio de unas manos, 
de unos labios, de una mirada en silencio, 
donde impusimos los deseos a los libros, 
donde empezó también una guerra silenciosa. 

El rincón donde perdí la fe y la cordura, 
donde juré jamás perder una amistad, 
donde me crecí, cambié, transforme al poeta, 
donde regué la siembra por recoger. 

El huerto, este rincón amplio, 
donde sólo estuve contigo, con tus rizos dorados, 
donde aprendí que a veces callar
es mejor que decir mil veces Te Quiero. 



Mi centro

Mis pies se clavan otra vez en tus piedras,
haciendo mis surcos por tus calles, 
como antaño, como siempre ha sido, 
calles y lugares cargados de silencio hoy, 
cargados de las risas, de los susurros, 
de cada confidencia, cada amor, cada ocaso, 
humedecidas por la lluvia, y la lágrima, 
donde saboreo mi silencio, mi centro. 

Esos lugares que ya nadie ve, ocultos, 
aquellos por donde los guías nunca van, 
esas tus callejuelas, tus recovecos, tus poyetes, 
a la sombra de un ciprés o un olmo antiguo, 
o una estatua que ya nadie recuerda, 
o las placas a los poetas que nunca fueron, 
o los bancos y las cruces de salvaguarda, 
o la cruceta de clavos y espinas de un convento. 

Este rincón, uno de los míos, mi remanso, 
donde nunca traje a nadie, que no muestro, 
mi oasis, mi paraíso en esta ciudad, 
con sus setos, sus cipreses, su airada calma, 
su sol del fin del invierno, mi infierno, 
aquí donde estudié, leí, soñé, escribí y amé
siempre en solitario, con el sonido de los pájaros
y el lejano murmullo de estudiantes atareados. 

Hoy vine a buscar más paz, más centro, 
más recordar quien fuí y quien soñé ser, 
más para saber a donde me dirijo, mis sueños, 
para seguir en mi centro, en recuperar lo que soy
después de desviarme en los laberintos
y tropezar con los muros que yo me puse, 
después de romperme, como rompía las esquinas
y tener que recogerme, otra vez, para ser yo. 

Otra vez aquí, esto ya es un cambio, 
preludio de una ópera prima, de un salto, 
de un no parar, de un no claudicar, 
de no pasar más tiempo en el pasado, 
de mirar al futuro, el mio, el nuestro, 
con paciencia, paso a paso, atrevernos, 
salir de la cárcel de los pensamientos,
ser yo, nosotros, rodeados de piedras y miedos. 




jueves, 25 de febrero de 2021

Si lo escuchas

Si lo escuchas atento lo puedes oír, 
entre las lijas del alma en su vaivén,
entre las muelas que me pulen, 
y devastan lo que fui y me dan forma. 

Si lo escuchas lo puedes oír en la campana, 
entre el ruido de sartenes y cacerolas, 
entre cada largo trago del café amargo
que ennegrece el carácter y depura.

Si lo quieres escuchar está ahí, 
entre el suave y leve movimiento de tu pincel, 
entre el susurro del agua y la pintura, 
y que transforma lo blanco en color. 

Si lo escuchas, cerrando los ojos, se siente, 
esa transformación, ese renacer, ese abismo
entre el que era y el que seré mañana, 
y que sigue ya el camino recto en la mirada. 

Si lo escuchas ahí está, mano tendida, 
es silencio, invisible, inanimado, paciente,
entre versos y canciones tristes, 
y aún así repartiendo ilusiones vacías. 

Si lo quieres escuchar, se puede escuchar. 



domingo, 14 de febrero de 2021

Las brumas

Atravesé las brumas, ciego,
sin saber el camino que tomaba, 
esas brumas del invierno, 
esas que me cegaron y me despojaron
de toda voluntad, de todo sentido, 
de todo criterio, de toda moral, 
de todo sonido de voces amables, 
de toda compañía, de toda palabra, 
esas palabras que calman, que alientan.

Las brumas de mi alma, la niebla, 
cada invisible gota de desesperanza, 
desprovistas de amor, de besos y caricias, 
de amables sonidos de canciones, 
desnudas de esfuerzos, llenas de sufrimiento, 
de querer salir de ahí, del círculo brumoso, 
y que te flaqueen las manos y vuelvas
dando vueltas con tus pies y tu cabeza. 

Esa locura tan insana, tan destructiva
que nubla los despojos de quien fuiste, 
desmantela tus adentros, tus esquinas, 
tus rincones, tus niñeces y adolescencia, 
eso que te arranca la fealdad de quien eras, 
y te remueve tan adentro, tan profundo
que te conviertes en gotas de esa bruma, 
desde tus ojos a los olvidos recordados, 
ese no querer volver a ser quien no eres. 

Estar en esa bruma y bracearla
buscando una salida, salida del invierno, 
salida del infierno en el que te metiste, 
cuando ves un rayo de oro al que te agarras, 
es tu única salida y esperanza, 
lo que lo cambia todo, el que te cambia todo, 
te aferras a ello, porque quieres salir, 
cambiar otra vez tu mundo, tus neuronas, 
agarrando nuevas esquinas y recovecos. 

Aún queda bruma bajo este sol de invierno, 
aun hay esperanzas, aun hay luchas, 
aun te quedan oportunidades, paciencia, 
todo llega, todo ocurre, toda bruma se disipa, 
pero ahora este es tu punto de partida, 
has salido cambiado, renovado, 
cambiante de este mundo gris y sin sentido, 
con un rayo de esperanza en las manos, 
y una cabeza, corazón y pulmones
que podrán con el invierno que te envuelve. 

Adiós a las brumas que ya hacen, atrevidas, 
remolinos en los pies y se enganchan a las lágrimas, 
que han despejado de mi vista, y mis anhelos, 
y vislumbro a la lejanía los caminos ocres, 
esos que me llevan pacientes a mi destino. 



miércoles, 10 de febrero de 2021

La batalla

Me he roto, aniquilado, autodestruido,
desgarrado a jirones, maniatado,
abusado de mi consciencia, de mi psique,
maltratado mis palabras y pensamientos.
 
Me he fumado cada hora las tristezas,
las ganas, los silencios, la ansiedad,
me he comido al orgulloso cierzo del norte
y las nieves, y los miedos, y los ojos castaños.
 
Me convertí en mi mayor demonio,
mi Baal, mi Mephisto, mi Azmodan,
mi descontrol más absoluto, mi suelo,
en la pala del hoyo de mi entierro.
 
Me he salido del mundo estos días,
y acabado con mi paciencia y mi vista,
con los restos de ese yo destructivo,
saboteador de mi mismo, convincente.
 
Despegado de los papeles, de los tiempos,
de la complacencia y el "queda bien",
de los susurros del Ángel que me frena,
de esos sentimientos de culpa, irreales.
 
Y me maltraté a tal nivel que del dolor
me han salido nuevos brotes, nueva rama,
nueva fuerza para afrontar lo que viene,
saldar mis deudas con mi mundo.
 
Asaltar la más alta cumbre tan lejana,
asediar los libros cual trompetero de Jericó,
avivar los fuegos que nos dio Prometeo,
adivinar sin horóscopo mi camino,
dejar caer las mochilas que me arrastran,
bombardear al miedo que le tengo a la vida,
reírme a carcajadas de mis tonterías,
alejar de mi cama esos silencios que me matan.
 
Llevo una semana venciéndome a mí mismo,
y voy ganando, tras el asalto, la batalla. 






viernes, 15 de enero de 2021

Besos en oscuridad

Me desvelo inquieto,
se me ha salido el corazón,
esta noche, como otras noches,
volví a soñar con un beso tuyo,
tras tantos años, tras tanto amor,
tras tantos querer y no poder,
tras no hablarnos desde hace tanto.
 
Me desvele con ese soñado pero real beso,
con el corazón palpitante al alba,
con tu rostro aún clavado en mis retinas,
con los bailes no realizados,
esos que desde hace años están pendientes.
 
Y así llevo mi vida y mi existencia,
soñando con besos, los tuyos,
sintiendo pieles que nunca toco,
alejándose cada vez más en un pasado
que supera con creces lo estipulado,
besos que rompen toda razón,
que desmiembran toda la esperanza
y dejan un sabor dulce y triste,
amargo y lejano entre las manos.
 
Hoy ha venido ese sueño tan real,
ese beso que casi lo pude sentir,
esa conversación, pérdida en siete años,
ese no poder jamás recuperar el momento.
 
Yo me fui, desaparecí, por tu bien,
porque no quería ser un muro,
ese muro en el que yo sí que tropecé,
el muro que te impediría llegar a donde estás,
ser el recuerdo de lo que nunca pudo ser,
quise ser la espita que te encendió
y dejó escaparte para que fueras tú,
quise ser y nunca fui, deje de existir.
 
Y ahora que aún estoy sintiendo el beso
me hago el fuerte, el impertérrito,
la estatua silenciosa del jardín,
esa a la que ya nadie echará cuentas,
hasta que se llene de líquenes
y pierda el brazo que sustenta las alas,
las alas que ya nunca volaron,
esas que se desplomaron con el tiempo.
 
Volveré a mi normalidad, a mi ser,
despegar siempre, a pesar de las tormentas,
pero hoy te has clavado demasiado hondo,
has despertado, sin haber pensado en ti,
esa espinita tan clavada que tengo dentro,
clavada ya tantos años y tan adentro

que es difícil de sacar de mi recuerdo.




viernes, 9 de octubre de 2020

Yo te prometo

Hasta los miedos estoy de no encontrarte,
y de ver como la distancia nos aleja, 
el no vernos, no abrazarnos, no escucharnos, 
perder lo común que nos sustenta. 

Llegar a ser algo sin ser nada me da miedo,
el vértigo de dejar lo pasado y avanzar, 
el pánico irracional a las comparaciones, 
el sendero que pone atajo al precipicio. 

Y cuanta más gente voy conociendo
más me doy cuenta de que te quiero a ti, 
que eres y siempre has sido perfecta para mi, 
y que hace un tiempo te saque del corazón la posibilidad. 

Que quiero que seas mi vida, rompiendo lo pactado, 
que seas mis "Buenos días poeta" y el gemido, 
quiero tu risa para mi cada mañana, 
y cada noche el salvavidas al que me agarro. 

Prometo nunca dejarte caer, ser tu escalón, 
estar en las maduras y quitarte las dudas, 
quiero ser todo aún no siendo ya nadie, 
que te sientas en casa hasta en tus infiernos, 
que el camino sea menos duro te prometo, 
que veas los cielos que yo veo cada tarde, 
ser el sol en tu noche más oscura, 
una palabra en tu silencio, un silencio de miradas, 
el carbón que da vapor a tus avances, 
el agua que tu bebes, para apagar tu sed, 
el miedo a no tenerte y a tenerte también, 
las ganas de no decir aquellas palabras. 

Sé que me equivoque hace un año, 
y hace dos, y hace tres, por no decírtelo, 
y quiero rectificar, me equivoqué, 
para decirte que sin ti no soy nada. 





Odio las noches de insomnio

Odio las noches de insomnio,
esas en las que el corazón
salta tan impetuoso
que su ruido inunda la estancia. 

Odio a ese corazón, tan sensible, 
que la mínima perturbación de tu palabra, 
la más mínima mentira, lo arroja
a galopar entre las brumas. 

Odio esas brumas que inundan mi mente, 
que ciegan, sin razón, la crítica, 
que mata poco a poco las corduras, 
que no me dejan ver tu bosque, la nada. 

Odio el que estés, y de pronto no estés, 
el salto cualitativo de querer a no querer, 
el fin de las cosas siendo abruptas, 
la sensación de vacío que me queda. 

Odio discutir, no sé si te diste cuenta, 
o que tengas silencios extensos como tu belleza, 
o que saltes de la sonrisa al odio, 
o que ya no me hables como me hablabas, 
o que no me des los Buenos días o noches, 
o que vislumbre nuestro final a cada hora, 
cada hora de insomnio,
cada hora que robaste mi sueño. 




viernes, 2 de octubre de 2020

Por ti

Pararía este tren tan desbocado,
sería la calma de tus tempestades, 
desgarraría el tiempo por que parasen,
entraría en tus vientos huracanados. 

Bajaría sin corazas a tus infiernos, 
apagaría los fuegos con mis besos, 
daría mi tranquilidad y sosiego, 
me quedaría hasta para tus miedos. 

Asaltaría los muros con las desnudas manos, 
los desmoronaría sin piedad, piedra a piedra, 
pasaría por tus laberintos oscuros a tientas, 
sería un puzzle en blanco y negro sin ti acabado. 

Esperaría,cuando no duermes, el amanecer a tu lado, 
velando, cuando duermes, el sueño de madrugada, 
desgarrando todas esas tus nubes inesperadas, 
disiparía la neblina de tus cristalinos ojos. 

Sería tus labios de puro rojo, 
tus ojos a centímetros mirando, 
tu piel, tus poros, tu pelo castaño, 
mis manos sobre tus manos de oro. 

Por ti, cerraría por siempre este libro polvoriento
donde guardo como tesoro tus silencios, 
Y en una botella lo arrojaría al mar con tus versos, 
al océano Pacífico de mi calma, mar bravío en tu sueño. 


jueves, 1 de octubre de 2020

Eres

El aire fresco en una noche de Reyes, 
quien empaña mis cristales en invierno, 
la sonrisa perfecta en el momento adecuado, 
el abrazo largo a la hora de la despedida. 

El inicio del que nunca quiero un fin, 
la conversación nocturna que se alarga, 
la madrugada a destiempo que nunca acaba, 
el amanecer escarlata en el templo de Debot.

Como una tarde tumbado en la hierba, 
el jugar a descifrar las formas de las nubes, 
un baño en el mar al atardecer de verano, 
el mecerme en el sonido de tu voz hasta en silencio. 

El fuego que baila en las ascuas, 
el viento que resopla en mi cara, 
el agua que fluye por mi cuerpo, 
la tierra donde quiero parar a descansar. 

El inicio y el fin de todos mis sueños, 
lo primero en lo que pienso al despertar, 
lo último que recuerdo cada noche, 
la primera y última palabra de mis días. 

El goce de las pieles en las mañanas, 
el canturrear juntos en los fogones, 
el andar desnudos por toda la casa, 
el secarse a abrazos tras una ducha. 

Un sin fin de todos mis pensamientos, 
el torrente arrollador que viene de tu boca, 
el mirar vidrioso a mis ojos cuando te toco, 
el humedecer de los labios y unos besos. 

Un estremecerte cuando con la mano te rozo, 
el erizarte la piel con la yema de mis dedos, 
la gota fría, el suspiro, ese aire que se escapa, 
el fin de cada canción y todos sus inicios. 

Las alas invisibles que me llevan al cielo, 
el adiós eterno, el hola infinito, el no te vayas
el viaje interminable con su música, 
el monumento, la visita, la guía, y yo el visitante. 

Eres al fin el fuego de todos mis infiernos, 
el cielo terrenal al que me aferro y aspiro,
la luz, la sonrisa, los ojos, los sueños, 
la meta, el lugar donde descansar de mis miedos. 





viernes, 25 de septiembre de 2020

Odio al silencio

Es el silencio el que lo envuelve todo,
cada suspiro, cada pisada, cada roce de la sábana, 
es el silencio, tu silencio ahogado, 
el que mata mis ganas de quererte. 

Es el silencio que lo cubre todo, 
que esta casa es más vacía sin tu voz, 
una gran caja resonante sin gemidos, 
sin el sonido que repica al darte un beso. 

Mi némesis, el silencio tan latente, 
el que me dice que me ignoras, 
el que rompo para sacar la cabeza un poco, 
y aún así fracaso de nuevo en tener tu voz. 

Cada día es un sucesivo silencio
institucional por tu parte, por la mía forzado, 
espero, espero, y no llegan tus sintagmas, 
no aparece en mis manos tu voz callada. 

Al final nunca me resisto y te acabo escribiendo, 
para buscar el contacto, el calor de tus risas, 
y tras un monólogo de cinco minutos y monosílabos, 
vuelvo a desistir, como cada noche silenciosa, 
esperando que mañana sea mejor, 
que tus silencios se conviertan en larga conversación, 
que una vez, en los últimos tiempos, 
me digas un te quiero, un te extraño. 




Jueves de nada

Sigo anclado en este andén, 
viendo pasar los trenes y los días, 
y los voy dejando circular
para no tener que acercarme demasiado, 
para evitar las taquicardias, 
quitarme los nervios y los temores. 

Muevo este café, un poco frío ya, 
de tanta espera y de tanto miedo, 
de tanto calentarme los dedos, 
de tanto silencio frío, de tanto invierno, 
dándome de respirar puro hielo
que congela mis ganas de respirarte. 

Sentado, mirando al infinito de tu ausencia, 
releo siempre la misma hoja, 
pierdo el hilo a la tercera línea, 
y siempre es el volverte a empezar, 
pero cada vez con las ganas más mermadas, 
pero la ilusión intacta, al fin y al cabo. 

Sigo viendo pasar esos trenes, 
esos que me llevarían a tus brazos, 
y me pregunto cuándo arriesgaré, 
cuándo compraré ese billete
que los pobres solemnes pagamos a besos
y que caducan al primer error. 

Ahí sigue el café, ya helado, 
cargando contra la mala suerte, 
esa que jamás existió, 
esa que se cargó a pulso en mi mochila
con nombre de contrabando de sueños, 
y una pesada carga que ya dura demasiado. 

El viento azotó el libro y desperdigó, 
recorriendo las calles más oscuras, 
cada hoja, cada verso, cada Cruz
anclada a las paredes de los cobertizos, 
a los sueños contigo en los brazos, 
a los papeles que pierdo a tu lado.