viernes, 25 de septiembre de 2020

Odio al silencio

Es el silencio el que lo envuelve todo,
cada suspiro, cada pisada, cada roce de la sábana, 
es el silencio, tu silencio ahogado, 
el que mata mis ganas de quererte. 

Es el silencio que lo cubre todo, 
que esta casa es más vacía sin tu voz, 
una gran caja resonante sin gemidos, 
sin el sonido que repica al darte un beso. 

Mi némesis, el silencio tan latente, 
el que me dice que me ignoras, 
el que rompo para sacar la cabeza un poco, 
y aún así fracaso de nuevo en tener tu voz. 

Cada día es un sucesivo silencio
institucional por tu parte, por la mía forzado, 
espero, espero, y no llegan tus sintagmas, 
no aparece en mis manos tu voz callada. 

Al final nunca me resisto y te acabo escribiendo, 
para buscar el contacto, el calor de tus risas, 
y tras un monólogo de cinco minutos y monosílabos, 
vuelvo a desistir, como cada noche silenciosa, 
esperando que mañana sea mejor, 
que tus silencios se conviertan en larga conversación, 
que una vez, en los últimos tiempos, 
me digas un te quiero, un te extraño. 




Jueves de nada

Sigo anclado en este andén, 
viendo pasar los trenes y los días, 
y los voy dejando circular
para no tener que acercarme demasiado, 
para evitar las taquicardias, 
quitarme los nervios y los temores. 

Muevo este café, un poco frío ya, 
de tanta espera y de tanto miedo, 
de tanto calentarme los dedos, 
de tanto silencio frío, de tanto invierno, 
dándome de respirar puro hielo
que congela mis ganas de respirarte. 

Sentado, mirando al infinito de tu ausencia, 
releo siempre la misma hoja, 
pierdo el hilo a la tercera línea, 
y siempre es el volverte a empezar, 
pero cada vez con las ganas más mermadas, 
pero la ilusión intacta, al fin y al cabo. 

Sigo viendo pasar esos trenes, 
esos que me llevarían a tus brazos, 
y me pregunto cuándo arriesgaré, 
cuándo compraré ese billete
que los pobres solemnes pagamos a besos
y que caducan al primer error. 

Ahí sigue el café, ya helado, 
cargando contra la mala suerte, 
esa que jamás existió, 
esa que se cargó a pulso en mi mochila
con nombre de contrabando de sueños, 
y una pesada carga que ya dura demasiado. 

El viento azotó el libro y desperdigó, 
recorriendo las calles más oscuras, 
cada hoja, cada verso, cada Cruz
anclada a las paredes de los cobertizos, 
a los sueños contigo en los brazos, 
a los papeles que pierdo a tu lado. 



lunes, 21 de septiembre de 2020

Irrealidades

Es todo tan irreal ahora mismo,
esta todo envuelto en una neblina, 
un velo invisible, brumoso y áspero, 
tan irreal, tan De ja Vu, tan solitario. 

Se me entremezclan las imágenes, 
los besos, los sueños, algunas caricias, 
los sentimientos, los deseos, los celos, 
te confundo solo con mis deseos. 

Y ese popurrí de irrealidades me desvela, 
agita las aguas hasta hace poco tranquilas, 
pienso en ti, y aparece otra persona, 
pienso en nosotros y me voy un lustro. 

Y sé, que aquello pasó hace años, 
y que no es el hoy y ahora, ni somos nosotros, 
pero no dejo de rememorar ese pasado, 
que me podría pasar lo mismo, nos podría... 

Maraña de irrealidades, ovillos, espejos, 
confundidos en tu pelo cobrizo casi fuego, 
en tus labios rojos, en tus ojos profundos, 
en ese corazón que nos palpita en el pecho. 

En unas semanas sabré a donde quedan los sueños, 
la sensación de abrazar su cuerpo
disipará estas irrealidades, confusiones, 
porque son tan parecidas ambas, que me confunden, 
espero que este infierno irreal se convierta en cielo, 
Que una me hable y la otra me de un beso. 




Un año sin tus besos

Hoy me sentí solo, muy solo,
más solo que muchos días de estos días, 
mucho más que las noches sin tu piel, 
noches ya infinitas, perdidas para siempre, 
noches en las que persigo lunas, 
más que lunas, sus reflejos en mis ojos. 

Siempre ando buscando la Luna, 
pero se esconde tras las esquinas, 
esas que rompo cuando me acelero, 
voy por las calle ya buscando imposibles, 
tu eres mi imposible más posible, 
siempre tengo la esperanza entre los brazos. 

Sigo buscando Luna, estrellas y versos, 
y besos, y caricias, y noches iluminadas, 
no busques algo, me digo, busca alguien, 
sáciate de esperas en el sofá hasta que venga, 
en unos días llega, te dices, espera, 
pero el corazón no espera, no entiende de tiempos. 

Hasta que no te hablé por la tarde no frené, 
mi mente era un hervidero hasta entonces, 
hablamos, reímos, sosegué mi cabeza, 
no perdí la compostura este domingo,
te di las buenas noches y los besos, como siempre, 
no como yo los deseo, no como mereces. 

Y a pesar del año ya transcurrido 
desde que te dije que lo nuestro es imposible,
sé que puede ser que no lo pensara,
que no lo quisiera, puede que me engañara. 

Un año ya, amiga, sin tus besos sé hace duro, 
un año sin tu piel, sin tu respiración en mi cara, 
un año mirándote a los ojos sin decirte te quiero, un año demasiado largo, con todos sus vaivenes. 

Y es que te noto cada vez más lejos, en el horizonte, 
y yo cada vez más solo, sin amigos y muchos fantasmas, 
sin gente interesante a la que conocer, mentirosos, 
solo cuerpos sin pretensiones, desprecios, silencios. 

Y son los silencios de la gente los que me matan, 
los silencios de quienes aprecio duelen más, 
tus silencios son el infinito del dolor, 
y es por ello que te escribo cada tarde, 
para no tener que soportar todo ese retumbante silencio, 
te escribo si tu no me escribes, porque a veces lo haces, 
y es cuando se me salta el corazón, la sonrisa, 
se dibuja la fina línea de la tranquilidad en mi boca. 

No sé qué será cuando vengas en unas semanas, 
cuando vengas y volvamos a viajar, pasear, 
no se que será en un mes para tu cumpleaños, 
cuando yo vaya y conozca tu ciudad y tu espacio, 
no sé qué será con tus regalos, con el entusiasmo, 
con esos cuarenta redondos en noviembre, 
no sé qué será, si me miraras con aquellos ojos, 
o sin embargo tendremos otro día gris, 
haré lo que sea para que no sea triste. 

No sé qué será, si seguiré persiguiendo lunas, 
estrellas, versos y besos robados en las esquinas, 
no sé qué será, si al final la historia cambia, 
y tu me vuelves a besar, y mi corazón arranca. 



viernes, 18 de septiembre de 2020

Cuando esta tormenta al fin...

Cuando está tormenta, al fin, 
lo arrase todo a su paso, 
cuando pare de bombardear
de hielo mis corazas, 
cuando frene impetuoso viento
que arrancada me tiene las alas, 
cuando sus rayos y truenos
ya no retumben en estos muros. 

Cuando está tormenta pare
en instante más preciso, 
cuando me deje posado el vuelo
tan cansado de los años, 
cuando arrecie la lluvia
y ya no pueda esconder más las lágrimas, 
cuando sus tinieblas y sus nubes
ya no puedan tapar más a mi Sol.

Cuando la tormenta, por suerte, 
deje de mojar mis libros, 
cuando ya no trasporte a mi horizonte
tus palabras, tus gestos y tu voz, 
cuando pueda agarrar tu mano, suave, 
y navegar al fin por tu piel a la deriva, 
cuando el barro ya no nos hunda, 
y podamos caminar terreno firme. 

Cuando esto pase y despejen las nubes
te diré que tomes mi mano
y que me acompañes para siempre, 
si tu quieres, mil vidas, o esta noche. 

No caeremos más en este perder el tiempo, 
ni en extrañarnos estando juntos, 
ni en querernos en un desencuentro, 
ni en perdernos un poco cada noche. 

Cuando esta tormenta al fin me arrase. 



jueves, 17 de septiembre de 2020

A contracorriente de mi mismo

A veces me autosaboteo las ideas iniciales,
y me desdoblo para zancadillearme, 
digo esto, y hago lo otro, patino, me enderezo,
resbalo, doy al botón y luego me arrepiento. 

Voy contra mi propia corriente, mi río, 
y mi caudal impetuoso me choca tan frontal
que me derriba incesante en los remolinos, 
llevándose mi determinación y mi nervio. 

Y es que ante una canción o unos versos
tendría que hacer la vista flaca
y dejarlos navegar por el río que nos separa, 
pero los tengo que agarrar contra mi voluntad.

Y así voy, creyendo lo que no debo, 
pensando lo que no quiero, soñando, 
bailando mentalmente cada compás y verso, 
acaparando el sabor de cuando era "único", 
desvelándome cada noche inventando, 
desencriptando palabras sorpresivas, 
sacando de donde no hay unas palabras animosas. 

Y hay que decir una verdad
entre tanta mentira que me cuento, 
que a pesar de mis sabotajes, 
de mi imaginación desbocada, 
equivocada, desquiciada, 
solo deseó ser tu amigo
sin tanto tiempo, sin tanto verso. 

Que sepamos, que entre tanto correveidile, 
hay un algo cierto, que de algún modo
hay cariño donde se nos cayeron los besos, 
hay amistad entre las ruinas de los muros. 



miércoles, 16 de septiembre de 2020

El mar en el que nos encontramos

Que difícil era lo que pasó, 
tanto como ganar en la lotería, 
tanto como soñar contigo y que vinieras, 
tanto como cruzar un precipicio, 
sobre un fino cable y sin red, 
tanto como ver estrellas en Madrid. 

Fue una casualidad encontrarnos, 
en aquel mar lleno de peces y tiburones, 
tu con tu barquito de papel, 
yo con mis ganas, mi ilusión, mi risa. 

Fue tal el golpe a mi cabeza
que ni lo pensé y dije:"es ella", 
apenas unos días, una noche de Reyes, 
estábamos en mi coche sonriéndonos, 
bajo la lluvia, apenas unos instantes, 
unos eternos instantes en tus ojos. 

Y desde allí, apenas nos hemos separado, 
tres años de viajes, quedar, cenar, salir, 
vacaciones, risas, ratos malos, llantos, 
encrucijadas, desavenencias, besos, abrazos, 
de esos fuertes que nos llenan siempre, 
de esos que tanto echo de menos este año. 

Lo mejor que me pasó en cinco años fuiste tú, 
que apareciste navegando en tu velero, 
tu que revolucionaste mi mundo
y aún en la distancia lo sigues haciendo, 
tu, que me saltaste las tuercas de la coraza, 
las claves de mis murallas, los goznes de mis puertas, 
a base de querernos sin esperar nada a cambio, 
tu que materializaste mis sueños una noche, 
y retiraste años de una relación sin amor
en la primera caricia y el primer abrazo, 
que me diste el mejor cuarenta cumpleaños, 
la mejor Semana Santa, los mejores veranos, 
tu que diste de ti todo lo que pudiste, 
pero somos lo mejor que podemos ser juntos, 
amigos, compañeros, viajantes y viajeros, 
transportistas, chefs, nadadores de infiernos, 
chamaquitos desacoplados, ganadores
de nuestros corazones, peregrinos amantes, amantes peregrinos, silencios, miradas. 

Ahora que te estoy echando de menos, 
preparo nuestro siguiente viaje, 
nuestro siguiente encuentro, esos días, 
esos que anhelo, que intento retorcer, 
solo porque llegues más rápido que el viento, 
para que navegues por ese mar en el que nos encontramos. 




sábado, 12 de septiembre de 2020

Quieres...

Quieres que te den una noche en New York en plena Gran Vía,
sin contar los ruidos y las luces, solo a besos,
quieres el silencio cómplice que te grita a pleno pulmón
que no te preocupes, que esta ahí clavado a tu lado.

Quieres que no se vaya nunca de tu lado,
aunque este a cientos de kilómetros de donde tu sueñas,
y te gustaría que vistiera tus sabanas esa noche,
y te desvistiera con la suavidad de quien mira estrellas.

Quisieras alguien que te abrace con tanta fuerza,
que pareciera que tienes los huesos de cristal y podrías partirte,
pero nunca pasa, porque te estas haciendo mas fuerte en esa piel,
que estas ganando una batalla que ya creías perdida.

Quieres que remuevan tu mundo con un beso a la deriva
que te haga perder la cabeza por horas y días eternos,
y a la vez te haga sentir que estas en la tierra,
que estas justo en el lugar en el que quieres estar.

Quieres quien te baile como si no hubiera nadie alrededor,
quien sepa llevarte con la música, con la vida,
quien no se achante con un mal paso y sepa corregirlo,
quien de alas a la libertad que sientes al temblar las rodillas.

Quieres a alguien que te da la seguridad que a ti te falta,
que te haga la cena más deliciosa cuando hay desgana,
que se levante a cambiar la tele cuando las pilas del mando se acaban,
y que recoja el salón sin que tu se lo pidas por la mañana.

Quieres a quien sin pedirle un libro sabe que es el de Mario,
a quien se recorrería cada tienda de Madrid, buscando esos zapatos,
a quien no se conformaría con cumplir el expediente cualquier día,
y sacaría de una chistera horas de charlas, de bailes, de risas y magia.

Quieres quien no tenga excusas para ir a verte, que no tenga excusas para nada,
quien desnude su alma de tal manera que le veas sus intenciones
quien no se oculte tras una fachada irreal de su propia vida, llena de mentira,
ese que sabe que no puede ganar si no va desnudo en este juego.

Quieres a aquel que estando destrozado saca tiempo para tu destrozo,
sin importar cuantos pedazos ya tenga él por dentro,
que su prioridad sea anteponer su tiempo contigo a otros tiempos,
quien no le importe pasar la noche en vela cuidando tus sueños.

Quieres quien te de mil noches de luz, mil lunas, mil estrellas,
que sea tu sol, aunque las nubes estén acechando para tragarte,
quieres quien pueda disiparlas con dos palabras de su boca,
una canción, un mensaje, una foto, un "te quiero".

Quieres quien te rompa las corazas inesperadamente sin usar las manos
y a la vez quieres que use las manos donde quiera de ti, y llevarte al orgasmo,
quien ante la ansiedad de tenerte sepa guardar la calma de empotrarte,
y tardar en desnudarte horas con las manos y la mirada.

Quieres quien te sorprenda con algo que dijiste hace meses
y que nadie atendió en la mesa de aquella terraza,
quien te baile sin vergüenza, en solitario una bachata aunque no sepa,
mientras le desnudas con la risa y la mirada, ante su vulnerabilidad.

Quieres quien llore contigo mientras te seca las lágrimas,
quien te apoye en su pecho mientras escucha tus horas del día,
quien escriba en una servilleta la frase que hoy te hacia falta,
mientras tomáis un cerveza rápida u os cruzáis adrede en la cafetería.

Quien te de espacio, y aun así siempre lo tengas a la vista,
quien no este pendiente de ti y a pesar de ello sepas que si gritas
estará en unas décimas de segundo dispuesto con todas sus armas,
quien a pesar de poder huir, se queda para reparar los destrozos.

Quieres quien te rompa el sueño un domingo por la mañana
con el olor a unos churros y un café recién hecho,
quien sepa moverse sin despertarte y dejarte una nota deseándote buenos días
y diciéndote cuan imbécil es tu compañera de trabajo a la que odias.

Quieres alguien que destroce tu mundo y no se vaya,
que te ayude a recomponerlo añadiendo sus piezas donde quedaron huecos,
quien te sane una herida en el dedo o en el alma con una tirita,
quien te de de comer de su postre cuando tu no pediste el tuyo.

Quien se ofrezca a hacerte una mudanza sin pedirte nada a cambio
solo por el hecho de que quiere estar contigo mas tiempo del habitual,
que llegará a su limite, y no parará hasta haber finalizado lo que estaba haciendo,
y después se derrumbará y no te pedirá ayuda por no molestarte.

Quien te diga que esta enfermo y en la cama, que no se puede mover,
y tu desees dejarlo todo y salir corriendo a cuidarle, ese es,
por el que te preocupas más que por tu propia salud,
aunque esté a dos mil kilómetros y solo puedas mandarle palabras.

Quien a pesar de todo, de todos, del momento, la circunstancia, la época,
el lugar, el problema, la alegría, el miedo, el llanto, la distancia,
vuestra distancia, y los años, si le llamas, acudirá sin pensarlo,
aun sabiendo que podría salir mal parado de esa llamada.

Quieres a quien no se vaya aunque le levantes la voz, aunque le llores,
le golpees el pecho con rabia y permanezca hierático, esperando,
quieres a quien te mire con esos ojos en los que no caben duda,
odio, rencor, que siempre te verán maravillosa, los ojos con "la mirada".

Quieres que te quieran, el que sepa darte lo que "quieres" y "te mereces",
ese habrá ganado el cielo que es el estar a tu lado.



Pídeme, noche

Noche, hoy me pides rima consonante
y catorce versos de un Soneto,
hoy me pides sus ojos en mis versos,
y su viento huracanado en mi cuello,
hoy noche, no pidas imposibles, no lo tengo.

Hoy noche, que me pides lunas y estrellas
y nublado tengo el balcón de la mirada,
que se atreve a desquiciarme el sueño,
el rojo de sus labios, hipnótico, inconfundible,
y sacar por la ventana mi calma.

Esta noche, como tantas otras noches,
no vuelves, ni a mirarme, ni a besarme,
ni a quedarte, ni a tocarme, ni a escucharme,
no vuelves, ya te fuiste por aquella vereda,
aquella que marcha al sur de Madinat Al Zahra.

Dame noches para escribirte, pero a tu lado,
aunque te de vergüenza el escucharme,
dame, esas noches piel con piel que tanto añoro,
le pedí un deseo, el día que te conocí fue concedido,
por ponerme la noche en tu camino.



Morfeo

Morfeo, peor dios griego que existió,
ni venir quieres, ni buscarte dejas,
ni de beber un bálsamo darme,
ni recado tranquilizador en Dodona.

Esto no es vida, ni tiempo, ni alma,
con este horario descompuesto
en mil pedazos, en un puzzle,
en un quererte y no poder tenerte.

Maldito insomnio usurpador
que no quiere desaparecer de mis noches,
ni siquiera abandonar a su suerte mis sueños,
menos aun abandonar a su suerte una estrella.

Maldito mil veces seas, infame Morfeo,
que a mis noches de septiembre das vela,
déjame, te lo suplico, acúname en tus alas,
humilde te lo pido, déjame que sueñe con ella.